Ya estoy en casita y hoy tengo pocas ganas de trabajar en el proyecto así que os contare el segundo día de mi viaje.
Nos quedamos en Venecia. Llegamos por la noche y decidimos dormir en un Hotel. Estaba a los pies de uno de los canales de está increíble ciudad. Era muy bonito, decorado con máscaras y lámpara un poco estrafalarias.
A la mañana siguiente era el cumpleaños de nuestro compi de viaje y hacía un día estupendo con sol y calorcito. Habíamos quedado con una amiga Italiana que nos iba a enseñar la ciudad. Ya que ella estudiaba allí. Nos dimos un buen pateo después de tomar unos capuchinos pero vimos la ciudad de punta a punta. La comida la hicimos en una plaza, compramos una pizza que la caja no cerraba de los grande que era, ha sido la mejor pizza de mi vida.
De sorpresa trajo unos pasteles preparados por ella para celebrar el cumpleaños, estaban muy buenos y además eran muy originales. Sobre las dos se marcho nuestra amiga, así que nos quedaba toda una tarde y parte de la noche para seguir disfrutando de la ciudad. Yo no podía marcharme de la ciudad sin visitar el Puente de Calatrava. Ya que ningún italiano está contento con el, y les doy la razón. No está nada adaptado al paisaje veneciano, es un pegote entre tanta belleza. No es feo si lo sacamos de ese marcho, pero es mi opinión. Está al lado de las estación de tren.
Cuando ya no pudimos más decidimos sentarnos en la Plaza de San Marcos, es mágica por el día y por la noche. Estar sentados mirando el agua y ver como anochecía y luego pasar un ratito más en la plaza hace que el descanso valga por 1000.
Decidimos cenar en algún bar que tuviera wifi y apurar al máximo el tiempo, porque hasta la madrugada no salía el tren y empezaba a hacer fresquito. Decimos volver al hotel en barco nos costo unos 7€ pero merecía la pena pues nos dejo en la misma puerta. El hombre del hotel nos dejo quedarnos allí, nos invito a café que esta ya era mi tercer café del día. Estábamos tan cansados... Pero como siempre en todo viaje hay una anécdota y la nuestra fue comparar máscaras desde el segundo día, así que cargamos con las máscaras toooodo el viaje. Parecíamos una feria, jajaja.
El pacto no fue fácil porque teníamos que repartir los sacos y uno llevar la caja. Pero todo se solucionó y nos fuimos a por nuestro tren directos a una nueva ciudad.


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